Aquella
noche la luna estaba en lo más alto del cielo, apenas necesitabas
luz artificial para ver con claridad en la oscuridad. Pero eso no es
importante en este momento...
Una
llamada de teléfono, una cerveza en la mano cayendo al suelo y pocos
segundos después, un disparo ensordecedor haciendo que su vida se
desvaneciera como el vaho que desaparece de tu boca cuando respiras
en invierno.
Y
ahí yacía aquel cuerpo inerte, aquella joven, la maté; le quité
la vida y no me sentía culpable en absoluto. ¿Por qué? Muchos os
preguntaréis por qué le arranqué la felicidad de vivir. No es por
que sea un psicópata, o esté enfermo, o disfrute matando gente e
incluso me excite hacerlo, no. Simplemente, ya no me servía para
nada. Se que es cruel, pero era la forma mas fácil y rápida que se
me ocurría para que esa mujer no arruinara mis planes.
Disculpen
mi arrogancia, no me presenté. Mi nombre es Kyrion von Fischadler,
soy de Alemania, pero vine a vivir a Nueva York hace algún tiempo.
Pero
volvamos con lo que realmente importa. Aquella mujer, a la que hacía
unos minutos había matado. Iba a sabotear mi trabajo que, durante
años, estaba intentando sacar a la luz. Creeréis que estoy loco,
pero no es así, tal vez sea un poco codicioso con mi trabajo, tal
vez sea por la dedicación y la ilusión por mi esfuerzo en todo lo
que hago. Quizá mucha gente crea que es un juego de niños, pero yo
no lo veo así.
Se
que fue un error, y que tal vez me quedaría una buena temporada en
los calabozos de algún barrio de aquella gran ciudad, pero siempre
hay que arriesgar para ganar y salir victorioso. Y esta, no es la
forma correcta, eso lo se, pero no tenía otra alternativa...
Días
más tarde, la policía abriría un nuevo caso con la muerte de
aquella mujer, preferiblemente tan solo escribiré sus iniciales, D
Z.
Debí
haberme deshecho del cuerpo, pero ni lo pensé. Salí de aquel
apartamento minutos después, no dejé ningún rastro que pudiera
culparme, o eso creí.
Tan
solo hicieron falta las pruebas de mi A.D.N en las uñas de aquella
joven. Antes de matarla, ella me abrazó y me acarició la cara,
suficiente fue para los de homicidios que descubrieron mi identidad y
mi paradero, o eso creían ellos...
Os
diré la verdad de todo, soy escritor, y aquella mujer quiso
arrebatarme todo lo que tenía, mi vida, mi fama, toda mi riqueza.
Pero su codicia iba más allá, lo que realmente anhelaba era lo que
yo podía darle en la cama, se que todo hombre estaría agradecido de
que una mujer como era ella lo atrapara en su habitación y tuviera
relaciones sexuales tan intensas durante noches y días completos.
Pero yo no podía, yo estaba casado, tenía hijos y no podía perder
el tiempo teniendo una aventura con una joven que lo único que
deseaba era ser rica y famosa.
Mi
negativa le dio tanto coraje que llegó a denunciarme por acoso
sexual, por suerte y para mi tranquilidad, la policía cerró el caso
y yo quedé impune ante la sarta de mentiras que D Z soltó por su
boca.
Volviendo
al asesinato, se que me precipité y por más vueltas que le de, no
hay vuelta atrás, y que esos daños colaterales en mi persona serían
el fin de mis días como escritor. Mi vida llegaría a una oscuridad
tan negra que jamás vería la luz.
Pero
ahora soy feliz, me siento bien, con sarcasmo diría que estoy
alegremente agradecido de que por fin esté de vuelta en casa, junto
con mi familia.
Han
pasado diez años de esto, pero mi cabeza no deja de darle vueltas. Y
realmente aprendí una valiosa lección, y es que no hay que cometer
ninguna locura por creer que eres feliz con un puñado de dinero;
vive con lo que tienes, y vive como quieras, pero vive tu vida y
nunca interpongas la fama y el dinero al amor de tu familia...
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