sábado, 2 de julio de 2016

Fighting fears

Tres golpes secos en la puerta hicieron que me despertara en la madrugada. Cuando me levanté para ir a abrir la puerta, un sobre se deslizó por la ranura inferior de la puerta. En ese sobre, estaba escrito mi nombre, lo agarré y examiné aquel sobre, son abrirlo. La verdad tenía demasiada curiosidad por saber que había en su interior, así que decidí abrirlo. En su interior había algo escrito…



╔══════════════════════════════════════════════════════════════════════╗
   
                                           Thorment

 Desde que llegaste al Imperio, has ido avanzando en tu camino tanto en inteligencia como físicamente.
Ya estás preparado para ir a la búsqueda de algo que desde que llegaste, te pertenece.
Hoy, cuando el sol despunte en lo alto de las montañas, empezará tu viaje.
Nunca te des por vencido, lucha contra tus miedos y vence.

              亗  GLORIA Y LEALTAD! ☪               
                                               
╚═══════════════════════════════════════════════════════════════════════╝


Después de leer aquello, me sentí tan nervioso que ya no pude dormir ni un segundo más, no se cuanto faltaría para que empezara el día, pero mis nervios se asegurarían de que no durmiera ni un minuto más.

Salí de la habitación, con la intención de encontrar a alguien con quien poder hablar, pero para mi suerte... no había nadie, ya todos dormían. Pero aún así, me fui a dar una vuelta por el castillo, tenía tantos nervios en el cuerpo que deseaba que ya pasara todo. Fui a la biblioteca, con la intención de leer algo, al menos para que pasara rápido el tiempo que quedaba para mi viaje.

Cuando llegué a la biblioteca, empecé a buscar algo que leer, y con suerte, di con un libro que relataba algunas de las historias del imperio. Empecé a leer, y llegué a un punto en el que me dio miedo seguir leyendo, ya que alguien, contaba como se enfrentó a sus miedos. Dejé el libro encima de una mesa, y cuando alcé la vista, di un brinco, no me esperaba que allí hubiera nadie.

- ¿Qué haces aquí? - me preguntó.
+ No pude dormir, recibí una carta y cuando la leí mis nervios se apoderaron de mi.
- No te preocupes, yo pasé por eso, y bueno, no quiero asustarte, pero es bastante difícil, pero me atrevería a decir que puedes conseguirlo, solo tienes que creer y confiar en ti, lo demás, es todo mental.
+ Nunca te había visto por aquí, ¿quién eres? - le pregunté.
- Soy alguien que pasa desapercibido, así que mucha importancia no le des a mi nombre.

Sus palabras me dejaron un poco confundido, pero en ese momento tenía otras cosas en mente como para ponerme a pensar en ello. Cuando me quise dar cuenta, ya casi estaba amaneciendo, y aquella persona se levantó de la silla y me habló.

- En breve deberás estar listo, pero tengo que decirte algo, con tu aspecto real, te será bastante difícil superar todo lo que te depara en ese viaje.
+ ¿A qué te refieres? - pregunté con intriga.
- Bien, yo se lo que eres realmente, se que tienes fuerza, pero no tanta agilidad como quisieras, así que mi recomendación es que vayas con tu aspecto humano. Aunque, te será difícil el no cambiar, ya que es una prueba mental y te costará el contenerte como humano. Pero, para todo hay solución en esta parte del mundo...
+ Y... ¿qué me sugieres? - pregunté con más intriga aún.
- Deberás tomar un elixir que impida que cambies a tu verdadera forma. Pero... - de pronto enmudeció.
+ ¿Qué?, ¿qué ocurre? - pregunté insistente.
- Deberé ir a por ese elixir, y tardaré un buen rato en volver.
+ Puedo llevarte, soy rápido.
-Sí, llegaríamos antes, pero deberíamos ir ya.
+ Entonces... ¿a qué esperamos?

Se levantó y me hizo un gesto para que le siguiera. Me levanté y lo acompañé. Me llevó fuera del castillo.

- Bien, deberás llevarme hasta el bosque, allí deberé hablar con uno de los elfos y pedirle el elixir, pero quizá quiera algo a cambio...
+ Está bien, vayamos.

En ese momento me concentré y cambié mi forma, el centauro de cabellos dorados y lomo blanco apareció dejando atrás mi forma humana. Le hice un gesto para que subiera en mi lomo y empecé a cabalgar en dirección al bosque. Un par de horas más tarde, llegamos al bosque, estaba exhausto.

- Ahora tenemos que ir con tranquilidad, y adentrarnos más aún en el bosque, con suerte, el elfo que buscamos nos encontrará a nosotros.

Le hice un gesto de aprobación con la cabeza y seguimos caminando por el bosque. Pasó un rato hasta que al fin apareció aquel elfo. Y sin saber como, ya estábamos de vuelta hacia el castillo. Realmente no pude saber que pasó en aquel instante. Supuse que sería la magia de aquel lugar y que pocos pueden presenciar...

Cuando llegamos al castillo, faltaban pocos minutos para que despuntara el alba, y ya parecía haber movimiento en los alrededores del castillo.

- El elixir dura seis horas, ese es el tiempo que tienes para ir y volver - paró un instante y prosiguió - tendrás tiempo suficiente si te concentras y eres fuerte mental y físicamente.
+ Muchas gracias por todo - le dije amablemente.

La familia empezaba a llegar a la puerta del castillo, y yo volvía a mi forma humana. Al momento aparecieron mis padres, los emperadores.

~ Buenos días hijo - me saludó el Emperador.
- Buen día hijo - me saludó la Emperatriz.
+ Buenos días padres - saludé haciendo una reverencia.
~ ¿Ya estás preparado para tu viaje? - me preguntó el Emperador.
+ Sí padre, decidí ir como humano, quizá no pueda ser tan ágil si voy como centauro, y traigo mi arco por si lo llegase a necesitar - expliqué.
- Bien hijo, recuerda que tu mente es más poderosa que cualquier arma - me dijo la Emperatriz mientras me abrazaba.
+ Madre, vendrá con nosotros? - le pregunté.
- No hijo, yo esperaré por tu regreso.
~ Hijo, en cuanto estén todos listos, partiremos - dijo por último el Emperador.

Yo asentí con la cabeza y miré a mi alrededor, eran unos cuantos los que me acompañarían, entre ellos mi hermano Samael y uno de mis mejores amigos y compañeros de locuras, Gab.

~ Bueno, ya estamos todos listos, es hora de adentrarnos en las profundidades más oscuras del imperio - avisó el Emperador.

De mi bolsillo saqué el frasquito con el elixir, lo miré unos segundos, lo abrí y lo bebí. Creí que tendría un sabor extraño y horrible, pero no fue así, era dulce como el azúcar y cuando el líquido tocó mi lengua, noté un cierto sabor a vainilla, y cuando ya lo hube tragado, en mi boca se quedó un cierto sabor a canela...

Alguien nos entregó una antorcha a cada uno, para poder ver mientras descendíamos. El Emperador empezó a descender primero, después le seguí yo, y tras de mi, Samael y Gab junto con los demás. Al menos éramos diez personas, algunos con su verdadera identidad y otros como humanos. Pero allí estábamos todos, juntos, unidos como una gran familia, descendiendo por aquellas grutas.

Conforme íbamos adentrándonos y descendiendo por aquellas galerías húmedas y oscuras, sentía como una energía negativa iba invadiendo todo mi cuerpo, haciendo que cada vez me sintiera más débil, tanto física como mentalmente. Pero en mi mente rondaban las palabras de mi querida madre "tu mente es más poderosa que cualquier arma". Aquellas palabras me dieron aliento para seguir con aquel viaje. Debía ser fuerte, no decaer y seguir adelante, sin dudar ni un segundo.

El tiempo pasaba y seguíamos descendiendo, la humedad calaba mis huesos, mi mente tenía una lucha constante con aquella energía negativa. Pero tenía que seguir, no podía dejarme vencer tan fácilmente...

Habían pasado casi tres horas y al fin estábamos frente a la Cueva Infernal, mi corazón iba a mil por hora, sentía que se iba a salir de mi pecho en cualquier momento. Una parte de mi quería salir de allí, pero yo sabía que debía quedarme y avanzar.

~ Hijo, hasta aquí te hemos acompañado, ahora deberás seguir tú solo, esta es una lucha que deberás luchar solo tú, cada uno de los que estamos aquí ya superamos esta prueba, ahora es tu turno - me alentó el Emperador.

Tragué saliva, y asentí con la cabeza. Todos los allí presentes me animaban para que siguiera adelante, me alentaban con sus palabras, pero mi corazón cada vez iba más deprisa y todo mi cuerpo temblaba. Pero en mi cabeza volvieron a resonar las palabras de mi madre, la Emperatriz, "tu mente es más poderosa que cualquier arma". En ese momento, tomé el arco y saqué una flecha del carcaj, me adentré y empecé a bajar los peldaños.

De repente sentí una punzada en mi brazo izquierdo, miré y tenía una herida, algo me había rozado y estaba sangrando. Miré en todas direcciones y allí estaba, un ser del inframundo me estaba lanzando flechas, intenté esquivarlas como pude, disparé varias flechas sin éxito.

Aquel ser disparó una flecha al mismo instante en el que yo disparé otra, mi flecha acabó con él, y su flecha se clavó en mi pierna. Grité de dolor, pero pude sacarme la flecha y continuar.

Seguí avanzando y en estado de alerta, y allí estaba, aquella espada, la Espada Dark, en lo alto de una roca, avancé tan rápido como pude, pero cuando estaba a punto de tomar la espada, un esqueleto apareció frente a mi, portaba una lanza que agitaba contra mi, intenté agarrar mi arco y cargar una flecha pero recibí un golpe por su parte y caí al suelo, mi arco salió despedido y con tanta oscuridad de por medio, no vi donde cayó. De repente, un reflejo tras el esqueleto, me hizo levantarme y darle un giro, tirándome y deslizándome por el suelo, alcancé a tomar una espada que allí había. No quise pensar a quien perteneció aquel arma, pero me ayudó demasiado.

Me levanté, y miré al esqueleto, lo ataqué y recibí un golpe en las costillas. De pronto, en mi mente empezaron a pasar imágenes de una lucha, y me di cuenta de que la Diosa Selene me estaba ayudando, me mostraba que movimientos iba a hacer aquel ser, entonces, me anticipé a ellos y pude vencerlo.

Dolorido y herido, avancé a tomar la espada Dark, pero en aquel momento, unas sombras oscuras me envolvieron y se apoderaron de mis pensamientos, mostrándome imágenes en mi cabeza que creía haber borrado para siempre...

Intenté luchar contra ello, pero fue inútil, mi cuerpo se debilitaba a una velocidad increíble, todo aquello me hizo sentirme pequeño, como si fuera un simple bicho al que pudieras pisar. Y entonces, aquella imagen volvió de nuevo a mi cabeza, me vi acorralado por varias personas, gritándome cosas horrorosas, hiriéndome mentalmente. La soledad me invadió por completo. Quise morirme en aquel mismo instante. No soportaba tanta presión y mis lágrimas recorrían mi rostro. Flaqueé y por un momento dejé de sujetar la espada, me sentía débil, demasiado débil, tanto física como mentalmente...

Cerré mis ojos y en aquel instante, vi a mi madre abrazándome y diciéndome "tu mente es más poderosa que cualquier arma", abrí los ojos, saqué fuerzas de donde pude y grité.

Saqué la espada y las sombras desaparecieron. Caí al suelo con la espada en la mano. Quedé inconsciente por un momento, quizá por el esfuerzo mental al que todo aquello me había sometido.

Cuando desperté, todo había pasado, ya no había nada que temer. Me levanté dolorido y mareado por las heridas que tenía y caminé de vuelta fuera de la cueva, con mi familia. Todos esperaban impacientes, y cuando me vieron, todos me felicitaron y me dieron la enhorabuena.

Mi padre, el Emperador, asintió con la cabeza en forma de aprobación y pasó su brazo por mis hombros.

~ Enhorabuena hijo, supe que lo conseguirías, ahora, volvamos.

Salimos de allí, tan rápido como pude, junto a mi familia. Y un par de horas más tarde, estábamos de vuelta en el castillo. Allí estaba el resto de la familia, y mi madre, la Emperatriz, me esperaba con los brazos abiertos.

- Bienvenido hijo - me abrazó tan fuerte que sentí como toda aquella tristeza y miedo que me había inundado horas antes, desaparecía por completo.

Y entonces, allí estaba ella. Aquella pequeña elfa, Stefania. Se veía tan hermosa...

> Enhorabuena - me felicitó.
+ Gra... gracias - le contesté nervioso.

Me abrazó. Me quedé paralizado. Mi cuerpo no respondía, solo sentí como un calor sofocante inundaba mi cuerpo. Y me invadía una sensación de calma al sentir su tacto en mi piel...

> Me encargaré personalmente de cuidar de ti estos días - me dijo en un susurro.

No se si alguien vio mi cara en aquel momento, pero sentí como me sonrojaba durante un buen rato...

Volviendo un instante a mi viaje. Diré que fue una prueba demasiado dura, pero, como dijo mi madre... "LA MENTE ES MÁS PODEROSA QUE CUALQUIER ARMA" y es cierto. Todos podemos controlar nuestros miedos, y para ello, debemos recordar que cada uno de nosotros somos únicos y esenciales en la vida. Cada uno tenemos algo que nos hace ser únicos, y eso es algo que nunca se debe olvidar, por muy pequeños que nos sintamos en ese momento...





No hay comentarios:

Publicar un comentario