Recuerdo un pasado casi cercano, donde la Isla de los Guardianes de la Luz, estaba habitada por demasiadas razas, quizá fueran cientos, o quizá miles. Toda la isla estaba repleta de seres que jamás hubieras creído que podían llegar a existir. Algo grande estaba sucediendo pero nadie se daba cuenta de ello.
Desde arriba nos observaban la diosa Selene y su protector, el Dragón. Nadie sabía cual era su cometido en todo esto, y con el paso de los años, eran menos las razas que quedaban en la isla. Cada día era un nuevo reto, una nueva prueba de fuerza, inteligencia, espiritualidad, compañerismo. Y todo era parte de un intrincado plan para que cuatro únicas razas quedaran permanentemente en la isla, para protegerla y cuidarla.
Ese día llegó, y los últimos en dejar la isla fueron derribados por el monstruo de las aguas que rodeaban esta gigantesca isla, el Leviatán.
Una mujer, dio la voz de alarma, un pequeño lycan se vio envuelto en la agonía de la muerte inmediata, a pocos metros del acantilado, y sin nada a lo que aferrarse, intentaba sobrevivir un muchacho. Muchos fueron los que intentaron llegar hasta él, pero la mujer fue la única que pudo llegar hasta el chico, cuidando de que el Leviatán no se los llevara hasta el fondo de las aguas.
En aquel momento, el Dragón descendió desde el cielo, cayendo en picado hasta golpear al Leviatán con sus duras y fuertes garras, haciendo que este se desestabilizara y se hundiera.
Una vez a salvo, el Dragón se acercó a ellos, que ya estaban junto a los suyos. La mujer, se acercó a él, hizo una reverencia y este le devolvió el saludo inclinando su cabeza. La mujer se acercó un poco más, hasta quedar a pocos centímetros del gran Dragón, extendió sus brazos y lo abrazó. Por su piel empezó a recorrer una energía que le resultaba familiar. Y en su cabeza apareció una voz femenina "Él era uno de los vuestros", era Selene, revelando el secreto del Dragón.
La mujer se apartó del Dragón, haciendo una reverencia y éste desapareció del lugar agitando sus majestuosas alas. El muchacho se acercó a la mujer y la abrazó.
En aquel momento, un hombre apareció de entre la multitud, quedándose frente a la mujer y al muchacho.
"¿Quién eres mujer? ¿Cuál es tu nombre?" preguntó en un tono serio y de autoridad. "Mi nombre es Aysel" dijo la mujer agachando la cabeza.
Aquel hombre asintió "y tú, muchacho ¿cómo te llamas?" preguntó nuevamente. El chico alzó la vista y contestó "Me llamo Nhean", el hombre dejó caer una rodilla al suelo para ponerse a la altura del joven "Fuiste muy valiente, y he visto cosas en ti que me hacen sentir que harás grandes cosas por nuestra familia". El hombre se levantó y alzó la voz "SOY SOLO UN HOMBRE QUE LLEGÓ AQUÍ CON UNA FAMILIA, UNA MANADA Y JAMÁS HABÍA VISTO ALGO SEMEJANTE" dejó de hablar, tomó un poco de aire y continuó "ESTA MUJER, ESTA LYCAN, HA DEMOSTRADO QUE LA MANADA ES MÁS IMPORTANTE QUE TODO LO DEMÁS, ELLA MERECE SER ALGUIEN IMPORTANTE PARA NOSOTROS, Y YO, COMO UNO DE LOS PRIMEROS LYCANS EN LLEGAR A LA ISLA, QUIERO PROCLAMAR QUE ESTA MUJER, AYSEL, SEA NUESTRA REINA". En aquel momento, la muchedumbre empezó a gritar, algunos en su forma híbrida aullaban, todos de felicidad y de aprobación por el nombramiento de la reina lycan.
En ese instante, Aysel, la recién proclamada reina lycan, alzó la voz haciendo callar a todos allí "ES BIEN SABIDO QUE NADIE PUEDE OTORGAR TAL TÍTULO SIN TENER PODER NECESARIO PARA ELLO". Aquel hombre asintió ante las palabras de la reina "Es cierto, por eso yo mismo he sido quien te ha cedido ese título". Aysel, dudando ante sus palabras formula una pregunta "¿y tú, quién eres?". En ese momento, el hombre cambió su apariencia, transformándose en un lycan blanco de intensos ojos azules, portando unas túnicas oscuras y armaduras en sus brazos, desprendiendo una luz casi hipnótica de color azul. Aquel lycan alzó la voz "HERMANOS, ANOCHE LA DIOSA SELENE SE APARECIÓ FRENTE A MI, Y ME OTORGÓ LA REVELACIÓN DE MI DESTINO PARA CON VOSOTROS, AQUÍ MISMO ME PRESENTO ANTE TODOS, SOY INDRO, VUESTRO ANCESTRAL". Todo el mundo quedó sorprendido, la nueva reina lo miró avergonzada y rápidamente se arrodilló, haciendo así que todos los presentes hicieran lo mismo. Indro, al ver aquel acto de lealtad, tendió la mano a Aysel, esta la tomó firmemente y se puso en pie. "¡¡LEVANTAOS Y SALUDAD A VUESTRA NUEVA REINA!!". En ese momento,un estallido de gritos y vítores invadió el lugar.
Tiempo después, la vida en la aldea era casi monótona. Aquel joven ya tenía demasiada destreza con la espada y en combate, se había fortalecido mucho más que algunos otros guerreros que habían estado en casi cien batallas. La reina y el ancestral, lo observaban de cerca, aprobando cada progreso que hacía. Ambos coincidían en que Nhean, sería un buen guerrero y que conseguiría llegar a lo más alto de la nobleza en poco tiempo, ya que a parte de la lucha, muchas otras cosas se le daban bien, como ayudar a todos los que allí vivían, recolectar víveres, leña, e incluso salir de cacería con los más expertos de la aldea.
Pocos días después, la reina Aysel, despertó en medio de un terrible sueño, angustiada salió de su habitación en el castillo y casi con sigilo recorrió pasillos, abrió puertas, bajó escaleras hasta llegar a las catacumbas del castillo, y allí, en una pequeña recámara, se ubicaba el objeto más preciado de Aysel y de quien sabía de su existencia, el ancestral y algún guerrero, incluyendo a Nhean. Cuando entró allí, Indro, el ancestral ya estaba ahí, miró a la reina y le habló "Ha sido hace una hora, quizá menos, pero hemos de partir cuanto antes". Aysel asintió sin dejar de ver aquella llama color azul, y una lágrima recorría su rostro por la tristeza y preocupación que había en su interior. "Reúne a varios guerreros, los más fuertes, saldremos en una hora" declaró la reina. El ancestral asintió y salió de la sala con paso firme y rápido. Aysel se quedó allí unos minutos más y después fue hacia su habitación a prepararse para salir.
Una hora más tarde, en las puertas del castillo, se encontraban a la espera uno de los guerreros y el ancestral. La reina bajó las escaleras de la entrada del castillo, vio a quienes habían allí y fue directa hacia Indro "¿dónde está Nhean?" preguntó. El joven apareció por uno de los callejones de la aldea, apresurándose "disculpen por el retraso, pero ya estoy listo" dijo Nhean con un poco de dificultad para respirar. La reina asintió "marchemos, nos queda un largo camino que recorrer". Aquel grupo salió del castillo, sin caballos y casi sin víveres para ellos, ya que portaban fardos de comida en sus espaldas para llevar a los ancianos.
El camino era dificultoso y casi inaccesible para muchos, senderos de rocas, fango y caminos por los que apenas se podía caminar sin rezar para no caer al vacío, pero aquellos guerreros eran fuertes y tenían demasiada destreza para poder recorrer las casi cincuenta millas que les separaban de la aldea de los ancianos.
Una vez arribados a la entrada de las cuevas donde se encontraba la aldea de los ancianos, la reina sintió un olor un tanto extraño, y sentía que algo iba mal "démonos prisa, debemos llegar cuanto antes" anunció Aysel. Todos se adentraron en las cuevas, guiándose por el olfato, la reina los condujo hasta la pequeña aldea. En cuanto llegaron, Aysel fue en busca del anciano más longevo y más sabio. Éste le contó que algo acechaba por los bosques cercanos, no sabían con certeza que era, pero estaban convencidos de que algo atroz ocurriría si no acababan con aquellos seres que traían la oscuridad hacia la aldea. Aysel asintió y fue en busca de su grupo de guerreros.
La reina se reunió con ellos "descansaremos un poco y cuando la luna esté en lo más alto del cielo, partiremos en busca de esos seres". Todos asintieron y marcharon a descansar. Aysel quedó sumida en sus pensamientos, sentada en el único trono recubierto de pieles que había en la estancia. Dándole vueltas en su cabeza a lo que pasaría si no consiguiesen aniquilar a esos seres. Pero, poco a poco el sueño fue venciendo a su cuerpo, y en aquel trono quedó dormida.
Apenas pasaron un par de horas cuando la reina despertó agitada, pero ella no fue la única que había salido de sus sueños. Indro y Nhean fueron en busca de Aysel, una vez los tres juntos Nhean preguntó "¿habéis tenido el mismo sueño verdad?", ambos asintieron y el ancestral habló "en mi sueño, se revelaba tu muerte", le puso la mano en el hombro a Nhean, a lo que el chico dijo "en el mio era la reina quien exhalaba en su último suspiro", se le notaba en su voz la tristeza. Aysel miró a Indro "en mis sueños aparecía nuestro ancestral sin vida, en medio de la oscuridad".
Aquellos sueños no habían sido otorgados al azar, algo había detrás de todo aquello, una advertencia que Selene les enviaba.
En ese momento, el guerrero que les acompañaba apareció en la puerta, inquieto y preocupado, fue directo hacia la reina, el guerrero se dejó caer de rodillas delante de ella y bajó la cabeza. Aysel, posó su mano en el hombro del muchacho "¿qué ocurre?" le preguntó al chico. "Mi señora, he sido partícipe de las palabras que nuestra diosa Selene tenía para mi, eran advertencias y revelaciones para con nosotros", empezó a contar aquel guerrero. "Cuéntanos pues que fue que hizo que despertaras de tus sueños y llegaras aquí con tanta prisa" dijo Indro. El guerrero se levantó y tomó asiento, Nhean le ofreció un vaso de hidromiel ¹ y este lo tomó casi de un sorbo. Aysel volvió a preguntarle "¿qué fue lo que te ocurrió para venir aquí a estas horas de la noche?". El guerrero empezó a relatar todo lo vivido en sus sueños "Verán, no se como explicarlo, era todo demasiado extraño, pero haré lo posible para que puedan entender todo lo que pasó en mi sueño" todos asintieron y esperaron su relato. "Era de noche, la luna estaba en lo alto del cielo, no habían estrellas, era todo oscuridad salvo por la luna que dejaba entrever alguna sombra, estábamos listos para partir en busca de esos seres, y antes de salir de la aldea, una luz intensa y cegadora, descendía del cielo, cayendo justo frente a nosotros. Selene apareció y habló de que antes de partir hacia una intensa lucha, debíamos estar preparados para poder vencerlos. Hablaba sobre una espada que debíamos fabricar nosotros mismos, con varios elementos, entre ellos, habían tres muy especiales para que el poder de esa espada pudiera fluir". Todos estaban atentos a las palabras del guerrero, que relataba aquel sueño como si de una historia se tratase. "Wolframio ², plata y huesos de antiguos guerreros, esos elementos eran los que harían la espada más fuerte y debíamos encontrarlos".
Hizo una pausa, bebió un poco y siguió con su relato "Selene me reveló donde encontrar cada elemento, el wolframio se encontraba en unas cuevas no muy lejos de la aldea, siguiendo el sendero que subía hacia las montañas; la plata, debían llevarla hasta la cueva y allí crear la hoja de la espada; y los huesos de antiguos guerreros, los encontraríamos en las tumbas que hay en una de las cuevas de la aldea, y con ello se crearía la empuñadura". El muchacho quedó callado, sin decir nada mas, pero Nhean, que tenía un don para saber cuando alguien ocultaba algo, preguntó "¿algo más que necesitemos saber sobre tus sueños?", el guerrero estaba inquieto, algo perturbaba su mente. Agachó su cabeza y empezó a hablar "Verá mi reina, en el sueño se revelaba mi futuro en el reino y para con vos". Aysel, atónita ante aquellas palabras, siguió escuchando atenta mientras aquel muchacho seguía explicando "yo dejaré de ser humano y pasaré a ser su guardián, allá a donde vaya, yo la seguiré". El chico estaba un poco abrumado y a la vez triste, ya que dejaría de ser medio humano y eso significaba que la mayoría de las cosas que hacía, ya no las podría llevar a cabo, pero por otra parte, estaría al servicio de su reina por siempre.
La hora de partir se acercaba, y Aysel tomó la decisión "Nhean, Indro, iréis a las cuevas y creareis la hoja de la espada", la reina sacó un pequeño baúl que escondía entre sus enseres "esto es el elemento que necesitáis para terminar vuestra parte de la espada", le dio el pequeño baúl a Nhean y éste lo abrió "plata, de la realeza" musitó el joven. Cerró la caja y la guardó entre sus ropas. Aysel siguió dando instrucciones "nosotros nos quedaremos en la aldea y con la ayuda de los ancianos, crearemos la empuñadura de la espada, y cuando regreséis, uniremos los dos fragmentos y crearemos la espada". Todos asintieron y salieron de la estancia para empezar su cometido.
Nhean e Indro partieron hacia las cuevas, no tardaron mucho más que media hora en llegar, cuando entraron buscaron el wolframio por todo el lugar, pero no lo hallaron, hasta que, estando en silencio, un ruido ensordecedor inundo la sala, una pared había cedido y una luz de color azul brillante salía de aquel escondite, ambos se acercaron y allí, en el centro de esa pequeña estancia, un mineral ocupaba toda una larga columna hasta el techo de la cueva. Ambos se quedaron atónitos ante la belleza de aquel pequeño lugar, un color azul invadía las paredes, como si de pequeñas lucecitas se tratase. Pasaron unos minutos hasta que decidieron sacar un poco del mineral.
En la aldea, Aysel y el guerrero que la acompañaba, empezaban a hacer la empuñadura, y para ello, uno de los ancianos, los acompañó hasta las tumbas de los guerreros fallecidos. Una vez en la entrada de aquel campo santo, el anciano pronunció unas palabras "Hijos, tengan cuidado de no atormentar las almas de nuestros guerreros, ellos ya tuvieron su vida terrenal llena de lucha y a veces dolor, sed respetuosos con ellos", Aysel y el chico asintieron, y aquel anciano pronunció unas palabras en otro idioma que solo hablaban los más ancianos; una luz azul invadió aquellas tierras, haciendo brillar cada tumba y cada pedazo de tierra en la que descansaban aquellos guerreros. Aquel viejo lycan lo que había hecho era pedir ayuda a los que allí descansaban, y poco a poco los huesos de aquellos que dormían eternamente se fueron desenterrando como una pequeña ofrenda desde el más allá para los que ahora iban a luchar en sus nombres. La reina y el guerrero quedaron asombrados con aquella visión que tenían, sintieron demasiadas cosas en apenas unos pocos segundos y entendieron parte de la historia de su reino.
Aysel entró en aquellas tierras santas para tomar los huesos, haciendo una pequeña reverencia a cada guerrero fallecido como respeto y gratitud. Cuando paró frente a una de aquellas tumbas, una brisa se apoderó de ella y mostró en su mente unas imágenes de cuando apenas la reina era una pequeña lycan. Una lágrima caía por su rostro al sentir un cálido abrazo de aquel guerrero caído en batalla junto con unas palabras de aliento que éste le ofrecía " Tú eres la reina que nuestra familia necesitaba, se fuerte y cuida de los nuestros". Aysel asintió y tomó los huesos, se levantó y salió de aquel cementerio sagrado con todos los huesos que había recolectado para crear la empuñadura de la espada.
Cuando creaban la hoja de la espada en aquellas cuevas, Nhean e Indro sintieron que algo se calaba en sus huesos, se sentían más fuertes, con más valor; sintieron como una energía se apoderaba de ellos, haciendo que sus mentes volvieran a aquellos momentos cuando eran más felices e inocentes. Las almas de los guerreros les habían regalado un momento de paz y calma en sus corazones, haciéndoles recordar que no todo eran guerras y desdichas en sus vidas.
Una vez terminaron de crear la hoja de la espada, el guerrero y el ancestral volvieron a la aldea. Cuando llegaron, Nhean sacó la hoja y la entregó a la reina, Aysel la observó por un momento, tenía un filo del color de la plata, con tres salientes en cada lado, era pesada pero a la vez ligera, tenía el perfecto equilibrio para usarla con la destreza de un lycan curtido en combate.
Una vez terminada la empuñadura, Aysel se la mostró a los demás, una cabeza de lobo la coronaba, hecha de los huesos de los guerreros caídos en combate. Todos estaban orgullosos del trabajo que habían hecho. Los cuatro salieron al centro de la aldea, portando las dos partes de la espada. Estando allí, una luz brillante y cegadora descendió del cielo y allí, ante ellos, la diosa Selene apareció; todos se inclinaron ante su presencia y la diosa los hizo levantarse. Selene tomó las dos partes de la espada, las hizo elevarse en el aire y señaló a la llama azul que en aquella aldea había, haciendo que envolviera las dos partes de la espada, y en el lenguaje de los dioses, Selene recitó unas palabras, mientras que la espada iba completándose poco a poco. Una vez construida, la espada quedó flotando en el aire, cubierta por un halo brillante de color azul y blanco que viajaba alrededor de la espada.
En ese momento, Selene llamó al guerrero que había acompañado a Aysel todo el tiempo, el muchacho se quedó frente a Selene, arrodillado, alzando la mirada hacia la diosa. Esta hizo crecer un tótem de la tierra, llamó al ancestral y le pidió que posara su mano sobre la piedra, la diosa empezó a elevar su canto, Indro sintió una fuerza en su interior, su forma real apareció y las marcas ancestrales que portaba en su pelaje, fueron absorbidas por el tótem, haciendo que éste se iluminara de un color azul intenso. Selene traspasó esa energía hacia el guerrero, envolviéndolo con la misma luz que desprendía el tótem.
Aysel y Nhean miraban absortos ante tal acontecimiento mágico que la diosa Selene desempeñaba en el centro de la aldea. El ancestral seguía con su mano en el tótem y el guerrero levitaba dentro de esa luz azul que Selene hacía viajar desde el tótem hasta el muchacho. En ese instante un aullido dejaba sin aliento a todo el que allí había. La luz cesó hasta desaparecer y un enorme lobo de color negro con unos ojos azules penetrantes apareció en el lugar de aquel guerrero. Majestuoso, feroz, letal, pero a la vez noble y protector, hacía una reverencia a Selene, agachando su enorme cabeza. La diosa asintió en forma de aprobación. "Querida Aysel, reina del pueblo lycan, desde este mismo instante y para la eternidad, te hago entrega de un guardián, Amarok ³". Aquel lobo caminó hacia la reina e hizo una reverencia y tomó su lugar junto a Aysel. "Aysel, allá donde vayas, Amarok irá contigo, él cuidará de ti siempre" dijo Selene.
Aysel acarició a su guardián, y dio las gracias a Selene por tal regalo que le había hecho. Nhean, se encontraba al lado de Indro, ayudando a que se recompusiera por tanta energía que había perdido y que pronto recuperó. Selene se acercó al ancestral "Indro, esta espada es para cada uno de los guerreros del reino lycan, no será la única, pero esta es la primera. Cada vez que se necesite una espada como esta, tendrás la posibilidad de crear una idéntica, sin la necesidad de que yo tenga que volver aquí para ofreceros mi ayuda". Indro tomó la espada, y Selene se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.
El ancestral se acercó a Aysel y le cedió la espada "Eres nuestra reina y debes ser quien guarde la espada", ella asintió. Nhean que aún estaba asimilando todo lo que había ocurrido decidió recordarles que debían partir pronto para acabar con aquellos seres que intentaban perturbar la paz de la aldea de los ancianos. Los tres, junto con el nuevo guardián de la reina, partieron hacia el principio de una guerra, que, ojalá no acabara en tragedia.
Después de horas caminando, Nhean paró bruscamente "¡esperad! hay algo que no va bien, demasiada calma, esto no es bueno" alertó a los demás. El joven cambió a su forma natural y se puso en guardia, Aysel miró a su guardián y éste se puso en alerta al lado de la reina. En ese instante, un ruido ensordecedor llegaba a ellos desde diferentes partes, y sin apenas tiempo para prepararse, estaban rodeados por un centenar de seres oscuros. Uno de esos seres levantó uno de sus brazos y señaló a Indro "nos volvemos a ver viejo amigo", el ancestral lo miró fijamente "seré viejo, pero jamás tu amigo" dijo y se abalanzó sobre aquel ser mientras revelaba su forma natural. En casi centésimas de segundo habían cuatro lycans luchando cuerpo a cuerpo contra aquellos demonios.
Apenas les quedaban fuerzas, pero seguían luchando. Aysel cayó y volvió a su estado humano, magullada, herida y agotada, buscó la espada que Selene les había regalado, una vez en sus manos, la desenfundó y la alzó por arriba de su cabeza. Una luz cegadora de color azul salió de la espada, haciendo que la reina recobrara sus fuerzas y comenzó de nuevo a luchar contra aquellos demonios. No pasaron nada más que unos minutos para ver que solo uno de aquellos seres quedaba en pie. Aysel fue hacia él, poniendo la espada en su cuello "no subestimes nuestra raza, aunque seamos pocos en la lucha, siempre lo haremos juntos, a ojos del mundo seremos una manada, pero nosotros, sabemos que somos una familia, y la familia es lo más importante que hay", al terminar de hablar, la reina miró a los ojos de aquel demonio y segundos después rebanó su cuello y aquel ser se convirtió en cenizas...
[ ¹ Fermentación de agua y miel ]
[ ² Elemento químico que se utiliza para fabricar herramientas de corte. Tiene alta resistencia ]
[ ³ El espíritu del lobo. Lobo gigantesco de la mitología inuit ]
[ Aysel - Significa "como la Luna" ]
[ Nhean - Significa "Instintivo" en camboyano ]
[ Indro - Significa "Hombre del bosque" en sánscrito ]
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♰ Gloria y Lealtad ! ☪
GL ♰ Imperio ☪ UW
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Ole estas todo echo un escritor
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